Salimos rumbo a Moraira. Noche, descanso, y salto hacia Ibiza. Allí, lo típico, visita al Doc en su apartamento, cena, día siguiente de reparaciones y compras y rumbo a Portinaxt, para saltar luego a Sóller, en Mallorca y finalmente hasta Fornells en Menorca.
De allí salimos una mañana con viento favorable, bastante ola y a gran velocidad hasta las últimas 5 o 6 horas de travesía en las que el viento nos dejó en brazos del motor. Un total de 40 horas en las que Paloma se mareó y yo me requetemareé vomitando todo lo que caía en mi cuerpo en el transcurso de los casi dos días que duró el viaje. Creo que en esas situaciones de descubre la verdadera profundidad de los afectos, cuando sintiéndote desvalido alguien se sacrifica por ti.
Llegamos al puerto de Bonifacio bien entrada la noche. Las llamadas por radio a la autoridad portuaria francesa con acento italiano serán un clásico para toda la vida. Y el día siguiente nos regaló el premio del esfuerzo por las horas de penurias de los días anteriores: las vistas, el paisaje, la ciudad… Tal cúmulo de belleza nos hizo concluir que, sin lugar a dudas, había merecido la pena.

¡y yo que pensaba que al pisar el Alendoy os transformabais en una suerte de superhumanos! ¡qué raro resulta leer que os mareasteis en la travesía y qué sincero a la vez!
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