Nuestra primera navegación tras meses de confinamiento nos llevó hasta el extremo mismo de la Grecia Jónica: la isla de Othonoi. Pasamos un par de días disfrutando de su quietud mientras el viento que habría de llevarnos a Santa María de Leuca, en la costa italiana, se iba aproximando. Con dicho viento cruzamos las cincuentaSigue leyendo «El tacón de la bota»
Archivo del autor: palomakis
Bandera a media asta
Puedo evocar como si lo hubiera presenciado, la imagen de mi amigo Cristiano subiendo a la cubierta de Alendoy, temprano, solo y en silencio, con el gesto entre desafiante e indolente tras el que oculta los más nobles sentimientos, para bajar la bandera del pabellón español hasta la media asta, mientras yo estaba aún, alSigue leyendo «Bandera a media asta»
Un horizonte de palabras
El invierno trajo las palabras. Las conversaciones se sucedían a diario, aunque sólo de vez en cuando se internaban en pensamientos, ideas, reflexiones o sentimientos de más profundidad. Ian y Elizabeth eran compañeros ideales para ello dada su amplísima cultura, y su aún mayor capacidad argumentativa, pero el sentimiento, la experiencia o la idea másSigue leyendo «Un horizonte de palabras»
Hibernados en el Jónico
A la vuelta de España, el Jónico parecía no querer despojarse de esos días soleados que fueron el escenario luminoso del verano. La temperatura, más templada, tenía ya querencias otoñales, especialmente en los atardeceres, cuando la humedad se intensificaba y contribuía a un ambiente casi melancólico de colores apastelados y lánguidos, gracias a esa luzSigue leyendo «Hibernados en el Jónico»
¡Cuánto une la distancia!
El regreso a Madrid después de tanto tiempo tuvo un efecto de reencuentro con el pasado. Los lugares que formaron parte de lo cotidiano se habían convertido en recuerdos de otra época, donde hubo otras personas, otras circunstancias. La vuelta a ellos parecía como el despertar de un sueño profundo del que se prefiere noSigue leyendo «¡Cuánto une la distancia!»
Mandraki. There’s no place like home…
Llevábamos meses ya en Grecia desde nuestra primera arribada, cuando habíamos entrado en Corfú con mal pie. Eran los últimos días de febrero y llegábamos a nuestra primera isla griega después de más de treinta horas ininterrumpidas navegando con fuerte viento desde Crotona, al sur de Italia. Era ya media mañana y estábamos cansados cuandoSigue leyendo «Mandraki. There’s no place like home…»
De oriente a poniente. Rodeando el Peloponeso.
Grecia es un país cuya belleza no depende ni de maquillaje, ni de moda o complementos. Diría de Grecia que es bella sin pretenderlo, espontáneamente, con una discreción que su grandeza histórica apenas le permite, pero que parece arraigada en el tuétano de su gente. Si Disney ha creado un imperio turístico a base deSigue leyendo «De oriente a poniente. Rodeando el Peloponeso.»
Micenas. El “accidente”.
Las piedras, que tan irreverente indiferencia tienen hacia el tiempo, finalmente son doblegadas por él. El hombre no es el único animal que rompe el caos de la naturaleza imponiéndole un orden para sus propósitos, pero sí es el único cuyo esfuerzo, más allá de finalidades prácticas, aspira a la belleza. Por eso hoy encontramosSigue leyendo «Micenas. El “accidente”.»
Segunda travesía del Egeo. La inexplicable intensidad de lo efímero.
Existe una relación incontestable entre el valor que le asignamos a las cosas y su duración. Lo interesante es que dicha relación no siempre experimenta el mismo comportamiento. A veces, cuanto más breve es algo más valor parece tener; esa limitación en el tiempo le otorga una mayor cotización por su carácter de escaso. EnSigue leyendo «Segunda travesía del Egeo. La inexplicable intensidad de lo efímero.»
Nisyros y Astipalaia. Entre el volcán y la cocina.
Nuestra siguiente parada fue en Symi, rodeada en gran parte por las orillas de la costa turca. Optamos por un bellísimo fondeadero en el lado sur donde pasamos un par de días de descanso y solaz. Luego dimos el salto hasta Nisyros. Su silueta tiene forma de volcán; sus entrañas, también. Llegamos a un pequeñitoSigue leyendo «Nisyros y Astipalaia. Entre el volcán y la cocina.»
Rodas. De regreso a otro tiempo.
Frecuentemente me pregunto por la naturaleza del tiempo, eso que sin ser está siendo, que todo lo transforma pero que en realidad no existe, que solo porque vivimos sabemos de él. A veces parece detenerse; otras, estirarse; también se acelera y da la sensación de volar; se muestra distinto según se lo contemple hacia adelante,Sigue leyendo «Rodas. De regreso a otro tiempo.»
Las Espóradas orientales. Amputados en el corazón.
Vimos una ventana de oportunidad en que el viento daba una leve tregua, y decidimos aprovecharla. Horas más tarde, llegábamos a Icaría después de una bella travesía que casi había borrado el recuerdo de nuestros desvelos, y que definitivamente los sepultaba bajo la impresión que nos produjo la belleza de esta isla, una de lasSigue leyendo «Las Espóradas orientales. Amputados en el corazón.»
Mikonos y Delos. Entre el aburrimiento y el dolor.
La vida no se la puede ver pasar. Hay que sumergirse en ella y bucearla hasta sus abismos, y luego ascender a sus cumbres hasta que el aliento cese y la misma oscuridad desaparezca. ¿Pero cómo se concreta semejante posición vital? Restringiendo el aburrimiento y apostando por el dolor. Schopenhauer decía que la vida transcurreSigue leyendo «Mikonos y Delos. Entre el aburrimiento y el dolor.»
Las Espóradas Occidentales. Eternamente inacabados…
Aprender y vivir son dos sinónimos interesantes. Cualquiera de ellos es imposible sin el otro, y ambos se implican mutuamente. Vivir es un aprendizaje constante; solo se aprende viviendo. A veces tomando lecciones conscientemente, otras con pequeñas dosis tan integradas en la existencia que nos pasan desapercibidas. Por eso, cuando pasa el tiempo se tieneSigue leyendo «Las Espóradas Occidentales. Eternamente inacabados…»
Khalkis. Entre la riqueza y la libertad
Conocimos a Pilar la segunda noche que entrábamos en el puerto de Khalkis cuando nos cogió las amarras para sujetarnos al pantalán. Habíamos salido de allí mismo un par de horas antes con la intención de pasar el famoso puente que une la isla de Evia con la península Ática, pero problemas técnicos en elSigue leyendo «Khalkis. Entre la riqueza y la libertad»
“Aprovecha todo lo que puedas”. Del Sarónico al Egeo
En menos de cuarenta y ocho horas había conversado con dos mujeres de más de ochenta años; las había llamado para interesarme por su salud, darles cariño, aunque sea telefónicamente, y que supieran de mí. A pesar de que no se conocían entre ellas, me hicieron el mismo comentario cuando les conté que estábamos viviendoSigue leyendo «“Aprovecha todo lo que puedas”. Del Sarónico al Egeo»
El paso entre dos mundos. Canal de Corinto
He mantenido reuniones de trabajo mientras caminaba por las ruinas de Butrinto en Albania, surcaba las aguas que fueron testigo de la cruenta batalla de Lepanto, o ascendía al monte Parnaso para visitar el templo de Apolo donde el oráculo de Delfos desvelaba el futuro mediante los vaticinios de la “pitia”. Y pienso en queSigue leyendo «El paso entre dos mundos. Canal de Corinto»
Recompensas y renuncias. Los últimos días en el Jónico
Toda gran recompensa conlleva alguna gran renuncia. Las renuncias tienen mala fama porque se las interpreta como fracasos: logros malogrados que no se los llegó a alcanzar. A mí me parece que, de no ser por ellas, las renuncias, los logros no habrían sido posibles, y es por ello por lo que las interpreto comoSigue leyendo «Recompensas y renuncias. Los últimos días en el Jónico»
El barrio de Mandraki
Crecí en un barrio de los que en aquella época se consideraban típicos, no por su fuerza de atracción turística, sino porque acogía a esa clase “popular” de ciudadanos que daban carácter al Madrid de toda la vida. Mi calle se elevaba desde el Campillo del Mundo Nuevo hasta la plaza de Vara del Rey,Sigue leyendo «El barrio de Mandraki»
El dolor del rechazo. ¡Atraca donde puedas!
Pocas cosas son tan definitorias de la naturaleza humana como su condición de animal social. Requerimos de los otros para poder ser uno mismo, y sin ellos ni siquiera sabemos quiénes somos. Por eso demandamos sentirnos aceptados, reconocidos por los demás. Sin embargo, rodeados de una vida social rica y variada, es difícil concebir elSigue leyendo «El dolor del rechazo. ¡Atraca donde puedas!»
