Cinco soldaditos marineros. San Miguel

Agosto, 2022. Llevábamos meses sin verlos, semanas esperando, días de preparación, horas de ansia por la llegada de Manu y David. Al día siguiente aparecería Álvaro que había preferido no estar tantos días. Finalmente nos reuníamos los cinco soldaditos marineros.

¡Al fin los cinco juntos!

Mientras esperábamos la llegada de Álvaro, los cuatro visitamos la ciudad de Ponta Delgada, fuimos a una plantación de piñas para descubrir un interesante proceso de producción en invernaderos donde las matas dan cada una la única flor que acaba hecha piña. Hubo más plantaciones, y no poca sorna de los chicos por los planes; al día siguiente fue otra de té, y su fábrica con maquinaria al uso pese a contar ya con más de un siglo de funcionamiento ininterrumpido.  

En esos días nos encontraríamos con nuestros grandísimos amigos Jaume y Carmen; con ellos había crecido un cariño intenso, silencioso, comprometido, fruto de años de contacto donde la distancia entre Madrid y Barcelona no vencía la querencia hacia estas personas que queremos y admiramos desde que un día Jaume respondió a mi llamada proponiéndole conocernos. Ellos nos recomendaron el barco que nos llevaba por el mundo porque en uno igual lo habían circunnavegado. A nuestros ojos siempre han sido ejemplo, referente e inspiración para vivir sin miedo. 

Recorrimos la isla en un pequeño coche alquilado en el que la necesidad de contacto, incluso físico, hizo que nunca faltara espacio. Siempre Manu al volante, no solo por ser el mejor conductor, sino por acomodar delante las piernas más largas, y tanto las suyas como las de Álvaro superan con creces las de los demás que nos apretamos en el asiento trasero, sujetos unos contra otros, ya fuera para mirar al paisaje, leer (como hizo David) o dormir cuando el sueño llamaba a la puerta. 

Así viajamos por paisajes que podrían alimentar la imaginación del más creativo cronista de una realidad que si no se ve, respira, pasea y escucha, parece más ficción que otra cosa. Subimos hasta el norte para ver la playa de Santa Bárbara, paraíso de surferos, que se tienden sobre sus tablas a la espera de la ola que en escasos segundos disparará todos los resortes de placer en torrentes de adrenalina y dopamina por meandros que, desde el cerebro a los poros, no escatiman ni un solo rincón de sus cuerpos. Quisimos bañarnos, pero los socorristas nos lo prohibieron; las olas les daban la razón.

Al día siguiente ascendimos hasta Sete Cidades por una carretera coronada por un hotel abandonado que preferimos no penetrar. Probablemente fuéramos los únicos que optamos por respetar la prohibición de hacerlo, ya que turistas y visitantes se paseaban por sus pasillos, habitaciones y corredores como si nunca hubiese sido abandonado a su suerte y convertirdo en el esqueleto famélico de lo que un día fuera. Nosotros preferimos poner los cinco sentidos en la vista del lago de dos colores que se contoneaba, sin necesidad de movimiento, en el fondo del valle. Hubiésemos querido tener alguno más de cinco para saciarnos por más vías de la intensidad de aquel lugar bellísimo, sorprendente, atractivo se mirase por donde se mirase. A primera vista parecen dos lagos porque cada uno tiene su perímetro bien definido, y un color distintivo que los diferencia, pero en realidad las aguas son las mismas, entonadas por fondos de mayor y menor profundidad. 

En Furnas comimos un delicioso cocido típico de la zona, hecho desde las cuatro de la madruga al calor volcánico que recibe enterrado en la montaña. Veníamos de Terra Nostra, donde uno de los jardines más ricos, variados y atractivos que hubiéramos visto nunca, nos ocupó la mañana. Vimos cómo los árboles se aliaban entre sí en bosques con conversación propia. Las flores, de tantas formas, tamaños y colores cupiera imaginar, respondían a un orden minucioso capaz de convencer a cualquiera de su espontaneidad. La luz, humilde ante la profusión de vida, parecía pedir permiso a las copas de los árboles para penetrar aquella patria vegetal, condescendiente y amigable con quien se adentraba en sus fronteras. Justo a la entrada, nada más pasar un río oculto por gigantescas hojas, un gran estanque entre amarillo y ocre, era la antesala al palacete que en su día ocupó el embajador de Estados Unidos en Azores. El color albero y la temperatura volcánica, lo proporcionan los sustratos férreos arrastrados por el río que lo alimenta. Nos bañamos juntos, como niños, como hombres, flotando inconscientes entre conversaciones sin pretensión hasta que se nos despertó el hambre y fuimos a por nuestro cocido. 

Lago do Fogo es otro de los puntos de visita obligada. Se lo puede contemplar desde lo alto de una montaña poblada de grandes antenas para comunicación. Allí, en aquella cima, se formulaba la gran disyuntiva del hombre contemporáneo. Mirando a un lado, la belleza incomparable de un lago sereno, silencioso, abrigado por montañas a todo su alrededor. Girando la cabeza ciento ochenta grados, torres rojas y blancas con grandes discos, dipolos, cables, pértigas y tensores rompían el cielo alzándose como almenas tecnológicas sin las que hemos dejado de ser capaces de vivir. El enjambre metálico terminó con las rimas visuales del paraje, pero gracias al enjaretado de antenas supimos que las nubes estarían suficientemente altas como para visitar el lago y contagiarnos con su quietud. A un lado, el escenario en el que se representaba la lírica de la naturaleza; al otro, las tramoyas y bambalinas que hacían posible convertirla en el teatro que ha llegado a ser. Con tan maravilloso telón de fondo comimos sentados en la hierba, y sesteamos acariciados por la brisa; en aquel instante fuimos los invitados de honor para salir del patio de butacas y pisar el escenario. La obra se aproximaba a su conclusión; en unos días, los chicos pondrían fin a ese andamio de deseos colmados, de compañía satisfecha -aunque insuficiente-, de recuerdos para un baúl infinito en el que cuanto más metes más cabe. Se fueron a sus vidas respectivas. Nosotros, continuamos con las nuestras preparando la siguiente y última travesía por las Azores. 

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