Malta. Una roca en el centro del Mediterráneo

Llegamos a Malta tras una buena navegada “en conserva” con nuestros amigos del Galatea. El destino era su capital, La Valeta, pero poco sabíamos de su historia más allá de los famosos caballeros de la orden de Malta.

Desembarcamos en un puerto bastante aceptable para los estándares de la zona, pero nuestro primer encuentro con los malteses fue decepcionante. Nos recibieron con una altivez más propia de los británicos de la isla de la reina madre que de los habitantes de un país que no llega al medio millón. Debe ser parte de la herencia que les dejo su ocupación, la última después de muchas, y antes de llegar a su independencia hace menos de un siglo.

Somos hijos de nuestro tiempo y, aunque no seamos nativos digitales, hemos alcanzado una dependencia total de “San Google” a la hora de explorar nuevos lugares. Al entrar en el país, el operador con el que conectamos no nos daba datos por lo que comenzamos nuestra visita a La Valeta totalmente a ciegas.

Lo positivo de no tener expectativas es lo sorprendente del descubrimiento. La suerte esta vez se puso de nuestro lado: nada más entrar a la ciudad amurallada nos encontramos con el típico “free tour” que apenas estaba comenzando. Preguntamos a Jorge, el guía, si le importaba que nos uniéramos al grupo, y con su aceptación quedamos expuestos a sus interesantes explicaciones, y nos fuimos empapando de la historia de esa ciudad por la que también pasaron casi todas las civilizaciones que habitaron el Mediterráneo.

Lo más curioso es que Malta es una roca, sin agua bajo su terreno y aunque su posición es estratégica al estar en el medio del Mediterráneo, todos los que fueron pasando por allí, acababan por abandonarla. En el siglo XVI, Carlos I de España cedió la isla a los Caballeros de San Juan que andaban vagando de un lugar a otro, expulsados de Rodas por el imperio otomano, a cambio del pago simbólico de un halcón cada año. Estos caballeros eran una orden militar que, a diferencia de los templarios -brazo armado del papa llamados a conquistar Jerusalén- se dedicaban a ir creando hospitales en su cruzada hacia tierra santa.

Eran nobles, habitualmente el tercer o cuarto hijo de familias de distintas nacionalidades europeas. El escudo de ocho puntas de Malta, responde precisamente a las ocho lenguas que se hablaban en la ciudad de Valeta en esos tiempos. Se construyeron fortificaciones y palacios alrededor del Gran Puerto, una ría muy profunda de una belleza enorme. Es como si hubiera varias ciudades en una, pero como no siempre se entendían bien entre ellos decidieron que cada grupo se hiciera cargo de distintos menesteres. Ello también se refleja en la concatedral de San Juan, donde cada uno de los grupos se encargó de la decoración de una de las capillas laterales, en un barroco florido donde la competición ha dado un resultado de una belleza magnífica. La planificación del urbanismo también estuvo condicionada por cómo aprovechar el agua de la escasa pluviometría y canalizar la que traían en los barcos que abastecían la ciudad. Cada casa tenía en el patio un aljibe con una cisterna que, en la segunda guerra mundial, se utilizaba como refugio antiaéreo.

Parece que la población de este país estuviera predestinada al sufrimiento. Primero los caballeros que fueron asediados por los turcos y después Mussolini que decidió bombardear sin tregua la isla hasta que la dejó reducida a escombros. Debe ser por ello por lo que tienen ese carácter tirando a frio y un poco áspero.

Hoy, gracias a su favorable fiscalidad, las principales casas de juego on line tienen allí su sede social, y junto con la enseñanza del inglés y el turismo “low cost”, son las tres principales fuentes de riqueza. Ahora obtienen el agua desalando la del mar, y la electricidad les viene por cable desde Sicilia, por lo que ambas cosas son muy caras y todavía no tienen resuelto la estacionalidad del consumo veraniego que cuadriplica la población habitual.

Dejamos la ciudad para conocer también Comino y Gozo, las otras islas que forman parte de Malta. Comino, deshabitada, recuerda a Espalmador, con aguas azules y cristalinas. Gozo, acoge al menos seis o siete pueblecitos, con su capital Victoria que tiene una ciudadela muy bien conservada y una iglesia, San Jorge, cuya grandiosidad nos sorprendió en un pueblo tan pequeño. Contrastes entre un pasado glorioso y un presente mucho más rural.

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